Cuando la Quiebra es un Negocio Redondo
Aquí, en Coahuila, la tragedia de Altos Hornos de México (AHMSA) ha dejado de ser una nota de “8” para convertirse en una comedia de enredos judiciales y políticos, tan burda que solo puedo reírme con amargura.
¡Qué maravilla de saqueo!
Comencemos por el arte de la desaparición, cortesía del ex director Luis Zamudio Miechelsen. Este viernes que comparecer ante un juez penal por l presunto robo de 10 toneladas de estaño, un “pequeño” botín valuado en cerca de 10 millones de pesos. Y aquí viene lo mejor, estimados lectores: el material fue hurtado de un área supuestamente de “extrema vigilancia” dentro de la planta. ¡Felicidades al cuerpo de seguridad! Resulta que ningún guardia se percató del delito. ¡Pero claro que no! Este no fue un robo; fue, a todas luces, una audaz operación de “administración de activos” que solo pudo ejecutarse con “la complicidad o la anuencia de altos mandos”. Zamudio, enfrentando la primera acción judicial contra un ex alto ejecutivo por el presunto saqueo, nos demuestra que la gerencia de la quiebra es mucho más lucrativa que la producción de acero. ¡Un verdadero visionario!
Pero la farsa no estaría completa sin nuestros operadores judiciales de cabecera.
Hablo, por supuesto, del síndico designado para el concurso mercantil. El concepto de transparencia en este proceso es tan escaso como la dignidad en algunos políticos. Resulta que la Jueza, harta de los juegos, tuvo que emitir un ultimátum severo porque el síndico, con una negligencia que raya en el cinismo, ocultó un litigio de nulidad que desafía la venta de tres bodegas clave de AHMSA.
El síndico, cuyo deber es la diligencia, “olvidó” notificar a la empresa compradora sobre el riesgo de anulación desde el pasado 28 de mayo. ¡Oops! La ley le exigía notificar de inmediato, pero hasta la fecha, no ha podido comprobar que cumplió con esta “instrucción esencial”. La Jueza, con la paciencia agotada, le dio tres días para demostrar la notificación, bajo pena de una multa de 120 UMA. La falta de claridad y el “aparente ocultamiento de información” han puesto en pausa el proceso. No se preocupen, acreedores, la liquidación va muy bien; solo está paralizada porque el encargado juega a las escondidas con el tribunal.
Mientras los directivos roban estaño y el síndico oculta documentos, ¿dónde está la verdadera furia obrera?
La encontré frente a las oficinas de Madisa en Monclova. Un grupo de unos 25 trabajadores del Sindicato Nacional Democrático se manifestó allí. ¿Su gran demanda? Exigir a Madisa (una distribuidora de Caterpillar) que se desista de las impugnaciones que, según ellos, entorpecen el procedimiento judicial y prolongan la espera de las liquidaciones.
¡Qué tierna ingenuidad! Los obreros, los que perdieron sus empleos y sus futuros, están enfocando su ira en un acreedor que legalmente está defendiendo sus intereses, acusándolo de “entorpecer” un proceso que ya está pudriéndose por la corrupción interna (Zamudio) y la opacidad judicial (el síndico). Es como ir a reclamarle al repartidor de pizza porque el edificio que compraste se está hundiendo. La protesta es un reflejo de la creciente tensión, sí, pero también es la prueba de que están tan desesperados que apuntan al blanco más cercano, ignorando a los verdaderos artífices de su miseria que están cómodamente en Monterrey o esperando audiencia por robo millonario.
Y finalmente, el gran clímax de esta ópera: el Gobernador.
El gobernador Manolo Jiménez Salinas ha encontrado al culpable ideal para la quiebra de AHMSA: tiene “nombre y apellido,” y es el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Según el mandatario, el expresidente “prefirió ganar un pleito personal, quebrando a la empresa y llevándose de encuentro a 18 mil familias”. ¡Qué declaración tan rimbombante!
Es admirable ver cómo el Gobernador, que lleva ya un buen tiempo al frente de Coahuila y con la crisis laboral latente, se apresura a echar toda la culpa al pasado. Nos promete que ahora, junto a la nueva Presidenta Claudia Sheinbaum, están tomando “acciones concretas” para revivir la economía. ¿Y cuáles son esas acciones concretas para las 18 mil familias de Monclova? El Gobernador celebra efusivamente que, en el “tema de carbón,” a Coahuila le fue “excelente”. ¡Más de 20 empresas locales ganaron contratos de la CFE! Esto significa que los dueños de empresas locales tendrán “un ingreso, compren maquinaria, camionetas, equipo y contratar gente”.
¡Fantástico! Se está reactivando la economía para empresarios y dueños. Pero, ¿qué hay del obrero de AHMSA que lleva casi tres años esperando su liquidación, su finiquito o, peor aún, un programa que le permita comer? Mientras el Gobernador dispara a la Federación acusando un “pleito personal”, su apoyo real se traduce en el rescate de la clase empresarial, no del bolsillo vacío del ex-trabajador.
La quiebra de AHMSA no es solo un fracaso económico; es un monumento a la impunidad donde los altos mandos se enriquecen con latrocinios, la justicia se empantana por la opacidad deliberada, los trabajadores protestan contra los chivos expiatorios equivocados, y el Gobierno local se lava las manos con la retórica de la culpa federal mientras solo riega las raíces de los dueños del carbón.
Lo del pleito entre AMLO y Ancira ya todos lo sabíamos, pero lo que no sabíamos era que el gober, se la pasará sin dar realmente respaldo a todas las familias obreras que llevan ya una agonía de casi tres años.
Es una tragedia, sí, pero contada con el sarcasmo que solo la miseria colectiva puede inspirar. Ya quiero ver el siguiente acto de este circo.

