Las empresas pisan el freno ante la incertidumbre económica, mientras el consumo familiar apenas sostiene el ritmo.
El dinero fluye con menos fuerza en los bolsillos y negocios de los mexicanos. Al cierre de 2025, el crédito de la banca comercial al sector privado confirmó lo que se venía sintiendo mes tras mes: un cansancio evidente. Según el último reporte del Banco de México (Banxico), el crecimiento real anual se situó en 2.6%, una cifra que palidece frente al 3.2% registrado apenas en noviembre y que marca su nivel más bajo desde los días de la recuperación post-pandemia en 2022.
A pesar de que el saldo total supera los 7.25 billones de pesos, la frialdad de los números refleja un mercado que prefiere la cautela antes que la expansión.
Las empresas: el gran ausente
El sector empresarial fue el más golpeado por la apatía financiera. Lo que inició el año con un optimismo desbordante del 11.5%, terminó diciembre con un avance casi imperceptible del 0.6%. Sectores clave como la minería, la electricidad y el campo sufrieron caídas de doble dígito, dejando claro que la inversión a gran escala está en pausa.
El consumo aguanta, pero no hace milagros
Si el barco no se hundió fue gracias a las familias. El crédito al consumo creció un 7.9%, impulsado principalmente por:
- Tarjetas de crédito: Crecieron un 7.2%, reflejando que el plástico sigue siendo el salvavidas cotidiano.
- Créditos automotrices: Con un sólido 14.5%, aunque ligeramente por debajo del mes previo.
- Vivienda: Mostró una leve mejoría, alcanzando un 1.5%.
¿Por qué se enfrió el mercado?
No es una casualidad técnica. Los especialistas coinciden en que este freno responde a una realidad palpable: una economía con menos energía, un mercado laboral que perdió dinamismo y una inversión privada que decidió esperar mejores tiempos. En resumen, el 2025 se despidió con una banca que tiene capital, pero con un México que, por ahora, no se atreve a pedir prestado.










