Puertas abiertas (y estómagos revueltos)
Vaya sacudida le dio Jorge Romero, el flamante líder nacional del PAN, al avispero azul. Resulta que ahora cualquier hijo de vecino —que no tenga la credencial del partido pero sí las ganas— puede entrarle a la rifa por las candidaturas a diputados locales en Coahuila. ¡Qué novedad! ¡Qué vanguardia!
Digo, para los que sufren de amnesia selectiva, esto de invitar a “ciudadanos” no es el hilo negro; pregúntenle a la historia de Monclova cómo llegó Hal Pape a la alcaldía. El punto es que la noticia cayó como bendición para algunos, como el abogado Héctor Garza, quien ya se ve en la boleta y parece traer el visto bueno de quienes realmente apoyan al PAN.
Lo que verdaderamente no tiene precio es la cara de “fuchi” que pusieron los panistas más priistas de la región. Sí, hablo de Elisa Maldonado, Alfredo Paredes y Gerardo Aguado. Cuentan que el susto casi les provoca un síncope, y no es para menos: ellos, que ya se sentían más cómodos en las oficinas de los de enfrente que en las propias, ahora ven cómo el negocio del “entreguismo” se les puede cebar. Habrá que ver si en la campaña se ponen la camiseta azul o si, de plano, los vemos echando porras en los mítines del PRI, donde últimamente han encontrado su verdadera “tabla de salvación”. ¡Qué bonita familia!
Función de gala en la Puerta 3
A Víctor Manuel Aguilera, síndico de la quiebra de AHMSA, ya le habían dicho de todo: desde “tranza” hasta “cínico”. Pero ayer la cosa escaló al siguiente nivel del escalafón circense: lo llamaron payaso. Y no fue un insulto al aire; fue una caracterización en toda regla.
La raza de la resistencia de la Puerta 3 se puso creativa: pelucas, narices rojas y zapatotes. Un “performance” de protesta para recordarle al síndico y a la jueza que la tragedia económica de miles de familias desde 2022 no es un chiste de mal gusto. Hoy es el día de la verdad: o Aguilera entrega las fechas de la subasta con la seriedad que el cargo exige, o confirmará que, efectivamente, el maquillaje de payaso le queda a la medida. Ya basta de “payasadas” jurídicas mientras el hambre no da tregua.
El IMSS: ¿Hospital o set de acción?
Si usted cree que las películas de suspenso solo están en Netflix, es porque no ha visitado la Clínica 7 del IMSS. Ayer, el personal médico tuvo que jugársela de héroe en una escena que ni “Misión Imposible” soñó. Ante la ya tradicional y nada sorpresiva falla de los elevadores, tuvieron que sacar a una mujer en plena labor de parto a la calle, empujando la camilla por la banqueta para entrar por Urgencias del Bloque B.
Ahí iba la pobre mujer, “coronando” entre el bache y el aire fresco, porque en el IMSS los elevadores son piezas de museo: están de adorno. Por supuesto, desde la comodidad de Saltillo, la delegación mandó un boletín diciendo que “todo fue bajo control”. Claro, justificar la ineficiencia es más barato que darle mantenimiento a los equipos. Qué bueno que el bebé y la madre están bien, pero qué mal que para nacer en este sistema de salud, primero hay que sobrevivir a un rally de obstáculos urbanos.





