Por: Arnoldo Bermea
Un día como hoy, 17 de abril, la historia de Monclova se ilumina con un acto profundamente simbólico: la reactivación de los oficios religiosos en la Ermita de Zapopan, luego de años de silencio, abandono y destrucción provocados por la violencia de la Revolución Mexicana.
Aquel 17 de abril de 1921, el obispo Jesús María Echevarría bendijo nuevamente este recinto sagrado, devolviéndolo al corazón espiritual de los monclovenses.
Durante los años más cruentos de la lucha revolucionaria, la ermita fue prácticamente arrasada. Sus muros recibieron los impactos de la guerra, quedando semidestruida tras una sangrienta batalla ocurrida el 10 de marzo de 1914. El recinto, que alguna vez había sido refugio de oración, quedó en ruinas, sumido en el abandono por más de seis años.
Sin embargo, la fe no se derrumba con los muros. Tras un arduo proceso de reconstrucción, el templo fue finalmente restaurado el 15 de abril de 1921, apenas dos días antes de su bendición oficial. Así, en esa fecha que hoy recordamos, la Ermita de Zapopan volvió a abrir sus puertas, retomando su misión espiritual y reafirmando su lugar como uno de los íconos más entrañables de Monclova.
Construida de forma rudimentaria alrededor del año 1700, durante el gobierno de Francisco Cuervo y Valdés, fue bendecida ese mismo año por el obispo Felipe Galindo. Desde entonces, el sitio ha sido reconstruido en múltiples ocasiones, aunque siempre respetando su ubicación original sobre la loma que vigila la ciudad.
La devoción a la Virgen de Zapopan en Monclova también está cargada de historia y simbolismo. El 13 de abril de 1811, autoridades civiles, militares y eclesiásticas la proclamaron “Patrona, Abogada y Generalísima de las Armas”, en agradecimiento por su supuesta intervención en la captura de los insurgentes en el episodio histórico de Aprehensión de los Insurgentes en Baján.
Rodeada también de leyendas, como aquella que narra el hallazgo milagroso de su imagen por una humilde mujer en la loma, la Ermita de Zapopan ha sido, desde sus orígenes, un punto de encuentro entre la fe, la historia y la tradición popular.
La Ermita de Zapopan sigue en pie como testimonio de que, incluso en los tiempos más oscuros, la fe de un pueblo siempre encuentra la manera de reconstruirse.












