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ANEXOS, ¿centros de rehabilitación o de torturas?

El actuar de la Fiscalía en relación con el homicidio cometido al interior del anexo denominado “Fe, Esperanza y Amor”, manejado por el pastor Valentín Bustos, debe ser un claro ejemplo para todos los sitios similares que, desgraciadamente, ya abundan en Monclova y en la Región Centro.

Se debe reconocer que no hubo titubeos por parte de las autoridades tras conocerse el homicidio de quien en vida respondía al nombre de Manuel Neftalí Lira Ruiz. Ahí, al interior del anexo, lo mataron a golpes.

El delegado Everardo Lazo Chapa, mediante la AIC, no tuvo empacho alguno en clausurar y asegurar el sitio tras la entrega de todos los anexados a sus familiares. Es un claro ejemplo de que, cuando se quieren hacer las cosas, se hacen; y lo digo porque en otras ocasiones se han presentado situaciones similares en otros anexos, pero las historias han sido distintas y pareciera que las mismas autoridades les dan “alas” de impunidad.

Ayer salieron un sinfín de historias: que si al interior se realizaban actos de violencia contra los internos, que si se les trataba bien. La realidad es que solo ellos saben qué es lo que ahí se vivía, pero es innegable que ese centro de rehabilitación resultó igual que la mayoría de los que operan en la región, y la muerte de Neftalí lo dejó claro.

Hay un asunto que deja muy mal parado al mentado pastor Valentín Bustos, quien ayer literalmente desapareció; no se le vio por ningún lugar cuando es él quien debería dar la cara y enfrentar las consecuencias del homicidio ocurrido al interior del sitio que dirige.

También es momento de que las autoridades de salud actúen, pues son quienes deben regular estos lugares. Faustino Aguilar Arocha, jefe de la Jurisdicción Sanitaria, tiene mucho trabajo por hacer, porque cada que se presenta una tragedia en los anexos es cuando se acuerda de que deben supervisarlos.

Lo extraño es que siempre dicen que están en orden, y cuando salen los problemas, resulta que no había personal capacitado para la atención de los adictos.

En fin, algo se debe hacer al respecto para frenar el crecimiento desmedido de estos lugares que, más que centros de rehabilitación, parecen haberse convertido en sitios de castigo.

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