Docentes de las secciones 5, 38 y 35 se movilizaron en la Región Centro y La Laguna para denunciar que el sistema de Afores de 2007 es una trampa legal que los condena a una vejez en la pobreza, mientras sus representantes sindicales solo cuidan sus propios intereses políticos.
La realidad en las aulas es insostenible y los docentes han decidido dejar de callar. La implementación de la ley del ISSSTE en 2007 marcó el fin de las jubilaciones dignas y vitalicias que el Gobierno Federal garantizaba. Ahora, los maestros dependen de ahorros insuficientes que los dejan desprotegidos al retirarse.
El reclamo es un grito de auxilio contra la incertidumbre que carcome a quienes siguen frente a grupo. Los compañeros que están próximos a jubilarse viven con el miedo constante de terminar en la calle. No es solo el dinero, es el abandono total de una autoridad que les dio la espalda.
Lo más grave es la complicidad de la dirigencia sindical. Los líderes del magisterio han dejado de representar a sus agremiados para convertirse en operarios del partido en el poder. No defienden derechos, defienden privilegios personales mientras el grueso de los trabajadores sufre incrementos salariales que son una burla absoluta.
El miedo ha sido la herramienta de control favorita de la oficialidad. Muchos maestros no marcharon por temor a represalias, pero el hartazgo es generalizado. La movilización, que recorrió desde la Plaza del Magisterio hasta la Sección 5, dejó claro que la base ya no confía en las estructuras que deberían protegerlos.
La marcha es solo el principio de una lucha por la supervivencia. Si el gobierno y los sindicatos creen que pueden seguir ignorando la realidad de las pensiones y la falta de seguridad en las escuelas, se equivocan. El magisterio ya no pide favores, exige que se cumpla lo que por derecho les corresponde.













