En la política coahuilense, la incongruencia no es un error, es un requisito de estilo. Mientras el estado intenta digerir los resultados electorales, los personajes que nos han regalado el espectáculo de los últimos años parecen haber perdido el libreto, o peor aún, el sentido de la realidad.
Empecemos por el que se dice el “más panista”, pero cuyo historial huele a puras siglas del PRI: Alfredo Paredes. Desde la comodidad de Saltillo, Paredes se ha lanzado a dar cátedra sobre la necesidad de “unidad” y la apertura a las alianzas. Resulta, cuando menos, hilarante. ¿Unidad de qué? ¿De aquel cadáver político que él mismo ha ayudado a sepultar? Es el mismo Paredes que, durante tres años como diputado local bajo las siglas del PAN, ni siquiera tuvo la delicadeza de visitar el comité municipal que lo vio nacer. Cobrar del erario gracias a la alianza y al apoyo priista le ha sentado bien, pero sus llamados a la unidad suenan más a un réquiem por lo que queda del PAN, un partido que parece destinado a convertirse en una mera sucursal delegacional bajo el control del Comité Ejecutivo Nacional.
Y hablando de caídas estrepitosas, la cereza en el pastel de los despropósitos se la lleva Tony Flores. El otrora “Lord Lamborghini” vivió su propio ajuste de cuentas en el Congreso. Tras un periodo marcado por el escándalo, los desplantes y los “recordatorios maternales” a diestra y siniestra, el Congreso finalmente le dio la patada que, dicen los que saben, ya merecía desde hace mucho. Ni su campaña para reelegirse, ni sus cuatro faltas estratégicas para andar en campaña le sirvieron de nada; ahora su curul le pertenece a su suplente, Fernando Rodríguez.
Todo este sainete no estaría completo sin el rugido ausente de Ricardo Mejía. El autoproclamado “Tigre” demostró ser un tierno minino cuando las cosas se pusieron feas. Mientras su pupilo, Tony Flores, pasaba las de Caín durante la elección y en los dos días posteriores —cuando más necesitaba el respaldo de su mentor—, el “Tigre” optó por el silencio más absoluto, abandonándolo a su suerte. Pero, ¡oh sorpresa!, ayer el felino volvió a encontrar la voz y salió furioso a declarar que defenderá en los tribunales la curul de su protegido. Es fascinante ver cómo Mejía recupera el rugido solo cuando el daño ya está hecho y la derrota es innegable. Ese apoyo tardío no es más que un intento desesperado por mantener la relevancia en un tablero donde sus piezas ya fueron retiradas.
Mientras tanto, en Morena, el diputado Alberto Hurtado decidió, por fin, dejar de lado la narrativa oficial para aceptar lo evidente: los resultados fueron adversos y el abandono fue la marca de la casa. Hurtado no tuvo empacho en señalar a la cúpula nacional, cuestionando a Luisa María Alcalde por preferir los actos políticos en otros estados, y al famoso “Andy”, el heredero de la organización morenista en Coahuila, quien dejó a los candidatos locales a su suerte. Fue, en sus propias palabras, una derrota anunciada.
Mientras nuestros políticos se despedazan en dimes y diretes, el drama real ocurre en los juzgados, donde los obreros de Altos Hornos de México (AHMSA) siguen atrapados en un limbo que parece no tener fin. Mientras los trabajadores no encuentran la salida, en el Juzgado Segundo, la jueza Ruth Haguerta sigue dándole velocidad a la desmembración de la empresa. Primero fue el 50% de las acciones en la línea Coahuila-Durango, que terminaron en manos de Magna. Ahora, le toca el turno a un predio de 20.1 hectáreas en la zona industrial de Monclova, que Banco Actinver busca apropiarse asegurando que no pertenece a la masa concursal. No hace falta ser un adivino para saber que el fallo será a favor de Actinver.
Al final, para los obreros, la única noticia que llega es la del desmantelamiento de su fuente de trabajo, mientras sus representantes políticos siguen más preocupados por sus curules, sus alianzas y sus complejos que por la gente que, irónicamente, los llevó ahí. En Coahuila, la política sigue siendo ese circo donde el único que no gana es el espectador.









