A “Artur”, como ya le dicen muchos en Monclova al empresario que jura y perjura que comprará AHMSA, comenzó a correrle desde ayer el plazo de 10 días que la jueza le otorgó para cubrir los 56.3 millones de dólares correspondientes a la garantía de seriedad. El plazo vence el 9 de octubre, toda vez que se trata de días hábiles y no naturales.
Así que ahora sí veremos si de aquí a esa fecha “Don Artur” cumple con su palabra o si, como dicen por ahí, del dicho al hecho hay mucho trecho. Porque prometer que se va a comprar AHMSA es una cosa y poner sobre la mesa 56.3 millones de dólares es otra muy, pero muy diferente.
Ayer, incluso, apareció en un video casero en el que aseguró que no es prestanombre de nadie. Y cuando dice de nadie, pues incluye también a Ancira. Aunque, seamos sinceros, si así fuera, difícilmente saldría a pregonarlo a los cuatro vientos. Pero en estos tiempos uno ya no sabe si creerle a los discursos, a los videos o, mejor, esperar a ver el color de los depósitos bancarios.
La realidad es que ahora los ojos de buena parte de la Región Centro y también de otros puntos del país están puestos sobre “Don Artur”. La pregunta es muy sencilla: ¿pondrá los 56.3 millones de dólares o habrá una nueva explicación para justificar por qué no pudo hacerlo?
Y mientras tanto, ahí está el llamado plan B, por ponerle algún nombre: Cargill y AFIRME. A título muy personal, sigo pensando que por ahí podría estar la salida real al proceso de quiebra de AHMSA. Pero por ahora habrá que esperar. Primero toca ver si “Don Artur” logra sacar la cartera y deposita los 56 millones de dólares que tanta expectativa han generado.
COMERCIO
Mientras todos estamos inmersos en el asunto de AHMSA, en Monclova se están generando otros frentes a los que quizá no se les presta la atención suficiente, pero que al final del día también representan inversión y generación de empleos.
Algunos dirán que son empleos mal pagados y comenzarán con el famoso “bla, bla, bla”, pero lo cierto es que son fuentes de trabajo que llegan a una región que necesita precisamente eso: inversión, movimiento comercial y empleos. Y aquí es donde las famosas tiendas de “Mamá Lucha”, o “las Luchitas”, como ya les dicen muchos, vienen con todo.
La expansión apenas comienza. Está por abrirse una nueva tienda frente a Recaudación de Rentas y, hasta donde se sabe, podrían llegar entre 15 y 22 establecimientos más de este tipo a Monclova. A eso habría que agregar por lo menos cinco para Castaños y otras cinco o siete para Frontera.
Y no solamente las “Luchitas” están moviendo sus piezas. Gutiérrez ya tendría planes para abrir una nueva tienda en la región y todo apunta a que el destino sería Frontera. Por cierto, en ese mismo municipio también se contempla reponer la tienda de Aurrera que se incendió hace ya un par de años.
Pero si de inversión comercial hablamos, quizá los empresarios deberían voltear un poco hacia el sector oriente de Monclova. Por la avenida Las Torres hay habitantes que prácticamente están pidiendo a gritos un supermercado. Aurrera, Merco, Gutiérrez o quien quiera entrarle, pero que alguien le entre.
Hay espacio, hay población y hay necesidad. Por aquella zona, particularmente hacia el área de la gasera y la entrada al Campanario, el movimiento comercial podría tener bastante potencial. A veces parece que los inversionistas solamente ven donde ya están todos los demás, cuando precisamente las oportunidades pueden estar donde todavía nadie se decide a llegar.
CBTIS 36
Yo creía que solamente en las escuelas de educación básica se veían esas broncas de quién sabe qué hacen con las cuotas escolares que, eso sí, son “voluntarias” a huevo. Pero no, resulta que me quedé corto: también en el CBTIS 36 traen un desgarriate que ya comienza a llamar la atención.
Resulta que en ese “prestigiado” plantel, según los señalamientos que han comenzado a circular, hasta papel de baño hace falta. Y ya con eso queda bastante claro que algo no está funcionando como debería. Porque una institución educativa puede presumir muchas cosas, pero si no tiene ni para cubrir las necesidades más elementales, entonces alguien debería explicar qué está pasando.
Lo peor es la conchudez que, según se señala, existe desde la DGETI. Una situación que recuerda demasiado a lo que ocurre en algunas primarias y secundarias: las autoridades aparecen muy bonitas en los membretes, pero cuando llegan los problemas, resulta que nadie sabe, nadie vio y nadie quiere hacerse responsable.
Y mientras tanto, ¿quién termina pagando los platos rotos? Pues, como siempre, los padres de familia. Son ellos quienes terminan sacando dinero de donde pueden para cubrir necesidades que, en principio, deberían estar contempladas dentro del funcionamiento de una institución pública.
Y por si todo esto fuera poco, también está el asunto de la mesa directiva de padres de familia. Hay señalamientos de que algunos de sus integrantes ya ni siquiera tendrían hijos estudiando en el plantel.
Entonces surge la pregunta que seguramente más de uno se está haciendo: ¿todavía tiene hijos ahí el profesor Canales? Porque si no los tiene, habría que preguntar con qué calidad continúa formando parte de una mesa que, se supone, representa a los padres de familia que sí tienen hijos estudiando actualmente en el CBTIS 36.
Aquí no se trata de hacer ruido por hacerlo. Se trata de que alguien explique qué está pasando con los recursos, quién administra, quién supervisa y, sobre todo, por qué una institución educativa termina batallando hasta para comprar papel de baño. Porque para cobrar cuotas parece que sí hay organización; para resolver las carencias, ahí es donde empiezan a desaparecer todos.








