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ENTRE EL SINDICALISMO DE APARADOR, LOS OBREROS ABANDONADOS Y UNA ALIANZA QUE NO CUADRA

Hay personajes que tienen un talento extraordinario para aparecer cuando hay reflectores, cámaras y micrófonos, pero curiosamente desarrollan una habilidad todavía más impresionante para desaparecer cuando los trabajadores necesitan que alguien los defienda. Y en esa categoría parece estar el dinosaurio del llamado sindicalismo responsable, Tereso Medina, quien la semana pasada decidió salir a escena con motivo del conflicto de AHMSA para anunciar que la CTM estaba lista para apoyar a los trabajadores. ¡Qué generosidad! Lástima que esa disposición no siempre se vea cuando los problemas están dentro de su propia casa.

Porque una cosa es levantar la mano para hablar de los obreros de AHMSA y otra muy distinta es dar la cara por quienes supuestamente representa. Ahí está el caso de ARCOSA, donde se reportó la intoxicación de decenas de trabajadores presuntamente por consumir alimentos en mal estado. Y mientras los afectados enfrentaban las consecuencias de una situación que merece explicaciones e investigaciones, el famoso sindicalismo responsable volvió a quedar bajo los reflectores, pero no precisamente por su capacidad de respuesta.

Tereso Medina parece sentirse más cómodo cuando puede vender discursos de justicia laboral que cuando toca exigir responsabilidades a quienes tienen bajo su responsabilidad las condiciones de trabajo. Sus agremiados conocen perfectamente la diferencia entre aparecer en los eventos y estar presente en los problemas. Porque para descontar la cuota sindical de cada recibo de nómina no hace falta demasiado esfuerzo; para defender a los trabajadores cuando se presentan las broncas, aparentemente la historia es otra.

Y si de representantes ausentes hablamos, tampoco podemos dejar fuera a Nazira Zogbi, secretaria del Trabajo en Coahuila. A doña Nazira se le ve muy sonriente en los eventos oficiales, en las fotografías de protocolo y en las actividades donde todo parece marchar de maravilla. Sin embargo, cuando aparecen conflictos laborales que requieren intervención, vigilancia y resultados, la presencia institucional no parece tener la misma intensidad. Los trabajadores necesitan una Secretaría que actúe, no solamente una funcionaria que sonría para la fotografía. Porque la protección laboral no puede depender de qué tan importante sea el evento ni de qué tan incómodo resulte incomodar a los empresarios.

CON LAS MANOS VACÍAS

Y mientras algunos se dedican a repartir discursos de apoyo, los exobreros de AHMSA siguen acumulando kilómetros, documentos y decepciones. La semana pasada viajaron nuevamente a la Ciudad de México con la esperanza de conseguir reuniones con autoridades federales y encontrar alguna respuesta a sus exigencias. Llevaban oficios, peticiones y, sobre todo, la ilusión de que finalmente alguien se tomara en serio la tragedia que viven miles de familias.

Pero tal como se fueron, así parece que regresarán: con las manos vacías. La respuesta que recibieron fue que durante noviembre acudiría personal de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social para informarles sobre sus peticiones. Es decir, después de tanto recorrido, reuniones buscadas y puertas tocadas, nuevamente les ofrecieron esperar. Porque en este conflicto parece que la única respuesta que nunca se agota es precisamente esa: que tengan paciencia.

Lo verdaderamente lamentable es que los extrabajadores ya no están para escuchar promesas disfrazadas de compromisos. Llevan demasiado tiempo esperando una solución mientras sus familias enfrentan las consecuencias de una crisis que no provocaron. Han buscado a diputados, senadores, funcionarios federales y cuanto representante público se les atraviesa, pero hasta ahora los resultados siguen sin aparecer. Y mientras tanto, las necesidades no esperan, las deudas tampoco y el hambre mucho menos.

A estas alturas, habría que preguntarse si realmente sirve de algo seguir enviando comisiones a la capital del país cuando las autoridades parecen haberse acostumbrado a recibir documentos y devolver esperanzas. Porque viajar a la Ciudad de México para regresar con otra fecha de espera no es precisamente avanzar. Los obreros necesitan soluciones concretas, no otra promesa de que en noviembre alguien tendrá la amabilidad de explicarles por qué todavía no hay respuestas.

LA ALIANZA DEL DESORDEN

Y en el terreno político, donde todos hablan de unidad, pero pocos parecen dispuestos a ceder un centímetro, la supuesta alianza de las izquierdas en Frontera comienza a parecer más un rompecabezas al que le sobran piezas y le falta quien lo arme. Porque una cosa es salir a declarar que van juntos para recuperar la ciudad del riel y otra muy distinta es ponerse de acuerdo cuando llega la hora de repartir candidaturas. Ahí es donde empiezan los verdaderos problemas.

Por el lado del Partido del Trabajo, la figura de Javier Castillo ha mantenido presencia y una ruta política que sus simpatizantes interpretan como una clara apuesta rumbo a la candidatura por la alcaldía. En ese partido parecen tener bastante claro hacia dónde quieren caminar. El problema comienza cuando se voltea a ver a MORENA, donde nuevamente aparece Roberto Piña, quien al parecer no ha quitado el dedo del renglón y tendría nuevamente interés en buscar la Presidencia Municipal.

Y aquí viene la pregunta que seguramente nadie quiere contestar en voz alta: si realmente habrá alianza, ¿quién será el candidato? ¿Javier Castillo o Roberto Piña? Porque los dos proyectos difícilmente podrán encabezar la misma candidatura y, hasta ahora, no se ve que alguno esté particularmente entusiasmado con hacerse a un lado para facilitarle el camino al otro. La unidad es muy bonita en los discursos, pero cuando aparece el reparto de posiciones, hasta los mejores amigos políticos comienzan a medir fuerzas.

Lo curioso es que mientras las dirigencias insisten en repetir que el pueblo pone y el pueblo quita, la realidad de los partidos suele ser bastante diferente. Las decisiones importantes terminan cocinándose en las cúpulas, entre negociaciones, acuerdos y cálculos electorales. Después salen a decirle a la militancia que todo fue por consenso, aunque muchas veces el consenso consiste en aceptar lo que ya decidieron unos cuantos.

Así que, por ahora, la alianza de las izquierdas en Frontera tiene más preguntas que certezas. Mucha fotografía de unidad, mucho discurso de transformación y muchas ganas de recuperar el municipio, pero cuando se trata de definir quién llevará la batuta, comienzan los jaloneos. Y si no logran ponerse de acuerdo entre ellos, difícilmente podrán convencer al electorado de que tienen un proyecto sólido para gobernar. Porque para ganar una elección primero hay que saber con quién se quiere competir, y en Frontera parece que todavía ni eso tienen resuelto.

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