Por un lado, Arturo Domínguez está contra reloj para demostrar que va en serio por AHMSA; por el otro, los trabajadores del Seguro Social vuelven a salir a las calles para reclamar salarios dignos y condiciones de trabajo que les permitan atender a los derechohabientes.
Hoy estamos prácticamente a 48 horas de saber si las palabras de Arturo Domínguez fueron ciertas o si, como muchos sospechan, todo terminó siendo una enorme cortina de humo para seguir estirando la liga en el ya de por sí angustiante caso de AHMSA. Porque una cosa es decir que se quiere comprar la siderúrgica y otra muy distinta es poner el dinero sobre la mesa. Para discursos y promesas, parece que nunca ha faltado presupuesto.
Si hoy o, a más tardar, mañana, el CEO de CIESA realiza el mentado depósito de la garantía de seriedad por 56.3 millones de dólares, entonces tendrá elementos para demostrar que su intención de adquirir la empresa va en serio. Pero si el plazo vence sin que aparezca el dinero, las dudas crecerán y la credibilidad de su propuesta quedará bajo la lupa. Porque en este asunto ya hemos escuchado demasiadas promesas como para aplaudir antes de ver resultados.
Y si no cumple, entonces habrá que empezar a preguntar quién gana con tanto aplazamiento. ¿Quién mueve los hilos detrás de esta historia? ¿A quién le beneficia que el proceso siga dando vueltas mientras miles de trabajadores continúan esperando el pago de lo que legítimamente reclaman? ¿Estamos ante una operación que realmente busca rescatar a AHMSA o frente a otro capítulo de una novela judicial que parece no tener final?
También hay preguntas para el juzgado. ¿Por qué se le dio margen a esta propuesta cuando ya existían reglas y bases para avanzar en el procedimiento? ¿Qué elementos justificaron esa decisión? Y ahora que Cargill y Afirme han solicitado una prórroga de 90 días para presentar un consorcio, ¿qué sigue? ¿Se abrirá otra puerta para prolongar el proceso o finalmente se impondrán plazos que se cumplan? Lo cierto es que cada día adicional tiene consecuencias para quienes llevan años esperando.
Porque mientras empresarios, acreedores y representantes legales mueven sus piezas, los obreros siguen contando las quincenas que no llegan, las deudas que se acumulan y las necesidades que no pueden poner en pausa. En los escritorios se discuten garantías, propuestas y procedimientos; en las casas de los trabajadores se discute cómo pagar la luz, comprar alimentos y sostener a la familia. Esa es la diferencia entre quienes negocian y quienes padecen las consecuencias.
Y aquí viene la pregunta que debería pesar más que cualquier cifra millonaria: ¿hasta cuándo seguirán castigando a los obreros de AHMSA? Porque si alguien pretende comprar la empresa, que lo demuestre; si existe un plan alternativo, que se explique con claridad, y si hay responsables de los retrasos, que se conozcan las razones. Lo que ya no se vale es mantener a miles de familias atrapadas entre promesas, plazos y esperanzas que se renuevan cada semana.
SE REVELAN EN EL IMSS
Y mientras AHMSA sigue atrapada en su laberinto, en el Instituto Mexicano del Seguro Social también se está calentando el ambiente. Monclova arranca la semana con una segunda manifestación del personal, inconforme con el incremento salarial de apenas 2.9 por ciento directo al tabulador que, según los trabajadores, se les pretende otorgar. Al parecer, para quienes sostienen buena parte de la atención médica del país, exigir mejores condiciones sigue siendo una asignatura pendiente.
No es cualquier cosa que el personal del IMSS vuelva a salir a las calles. Desde 2020, cuando Monclova se convirtió en uno de los principales focos de atención durante la pandemia, las protestas del sector dejaron al descubierto problemas que no se pueden resolver con discursos. En aquella emergencia, los trabajadores denunciaron falta de apoyo y de equipo de protección para enfrentar una situación que puso en riesgo tanto su vida como la de los pacientes.
Después llegaron otros reclamos, como la falta de aire acondicionado en la Clínica 7, cuyas instalaciones se convirtieron en un verdadero horno para trabajadores y derechohabientes. Ahora el motivo inmediato es salarial, pero el problema va mucho más allá de un porcentaje. Los manifestantes también han señalado carencias de material, falta de personal y escasez de médicos especialistas, situaciones que complican la atención cotidiana.
Durante la protesta del pasado viernes, los trabajadores hicieron visible su molestia y advirtieron sobre las dificultades para atender a los pacientes ante la falta de insumos. Incluso lanzaron mensajes que reflejan el nivel de preocupación que existe entre el personal. Cuando quienes tienen la responsabilidad de atender a los enfermos salen a denunciar que no cuentan con lo necesario para trabajar, el asunto deja de ser únicamente sindical y se convierte en un problema público.
La segunda manifestación está convocada para este lunes a las ocho de la mañana, en la parte baja del puente ubicado frente a la Clínica 7. En esta ocasión, la invitación también se extiende a los derechohabientes, quienes padecen las consecuencias de las deficiencias denunciadas por el personal. La convocatoria busca que los usuarios comprendan que las carencias no afectan solamente a quienes trabajan en el hospital, sino también a quienes acuden en busca de atención.
Y es que resulta bastante contradictorio exigirle al personal médico que atienda a miles de pacientes con eficiencia cuando, según sus denuncias, faltan materiales, especialistas y manos para sacar adelante el trabajo. Después, cuando las consultas se retrasan o los servicios resultan insuficientes, la molestia suele caer sobre médicos y enfermeras, quienes están en primera línea, mientras las decisiones presupuestales y administrativas se toman muy lejos de los consultorios.
Un aumento de 2.9 por ciento directo al tabulador puede ser el punto de partida de la inconformidad, pero no borra los demás problemas que el personal asegura enfrentar. Los trabajadores reclaman mejores ingresos y condiciones adecuadas para cumplir con su labor. Y los pacientes, por su parte, necesitan consultas oportunas, medicamentos, estudios y especialistas. No son demandas opuestas: ambas apuntan a la necesidad de un servicio de salud que funcione.
Por eso, la protesta de este lunes merece atención. No se trata solamente de una disputa entre trabajadores y autoridades por un incremento salarial; también es una advertencia sobre las condiciones en las que se presta el servicio médico. Si las denuncias sobre falta de insumos y personal se mantienen, las autoridades deben responder con información verificable y soluciones concretas, no limitarse a esperar que las manifestaciones pierdan fuerza.
Al final, tanto en AHMSA como en el IMSS hay una coincidencia incómoda: los que menos margen tienen para esperar son quienes terminan pagando las consecuencias. En la siderúrgica son los obreros y sus familias; en el Seguro Social, trabajadores y derechohabientes. Unos esperan que alguien cumpla con el rescate prometido; los otros exigen que el sistema de salud les garantice condiciones dignas. Y en ambos casos, las palabras ya no bastan: hacen falta hechos.







