Ayer lunes 20 de abril, mientras la ciudad seguía su ritmo, en la sede del PRI en Saltillo parecía que el tiempo se había congelado. O al menos, que el guion de la política coahuilense no ha tenido un solo cambio de página en años. Desfilan los mismos rostros, los mismos nombres, las mismas promesas, y uno no puede evitar preguntarse: ¿de verdad creen que no nos damos cuenta?
Presentaron a sus “gallos” y “gallinas” para la contienda por las diputaciones locales y, siendo honestos, la sorpresa brilló por su ausencia. Es el eterno carrusel del PRI. Parece un cáncer imposible de extirpar, donde la lealtad al gobernador se premia con una candidatura, sin importar si el aspirante ha levantado un dedo por la gente o si su única especialidad es el arte de la lambisconería.
Me pregunto qué pensarán los priistas de a pie, esos que sí pisan el territorio, los que se manchan los zapatos y conocen las necesidades reales. Porque ver la lista es ver un ejercicio de repetición:
- Distrito 1: Javier Navarro Galindo (con la UDC en la coalición).
- Distrito 2: Guillermo Ruiz Guerra
- Distrito 3: Claudia Garza Iribarren
- Distrito 4: Cristina Amezcua González
- Distrito 5: Esra Ibn Cavazos del Bosque
- Distrito 6: Héctor Miguel García Falcón
- Distrito 7: Sol María Luna Adame
- Distrito 8: Ximena Villarreal Blake
- Distrito 9: Verónica Martínez García
- Distrito 10: Felipe González Miranda
- Distrito 11: Héctor Hugo Dávila Prado
- Distrito 12: José María Morales Padilla
- Distrito 13: Luz Elena Morales Núñez
- Distrito 14: María del Mar Arroyo Peart
- Distrito 15: Julián Eduardo Medrano Aguirre
- Distrito 16: Álvaro Moreira Valdés
En fin, el 7 de junio veremos si la ciudadanía está dispuesta a comprarles la misma mercancía de siempre o si se decidirán a desarmar el carrusel.
Lo dijimos y así fue
Y hablando de cambios que se olían a kilómetros, ahí tienen lo de la CANACO. Ayer les adelanté que venían movimientos, y tal cual. Bien por el ingeniero Arturo Valdez, que asume la estafeta que Oscar Mario Medina prefirió ignorar, siempre nadando de “muertito” y dejando que los problemas crecieran. A ver si ahora sí hay liderazgo, porque la iniciativa privada en la región lo necesita como el aire.
AHMSA: El saqueo de guante blanco
Pero si lo de la política local da risa, lo de Altos Hornos de México (AHMSA) da auténtico coraje. Lo que antes era una crisis financiera hoy es, sin rodeos, un desmantelamiento sistemático. Ervey Valenzuela, del Grupo de Resistencia Obrera de Puerta 3, no está exagerando: esto no son robos de oportunidad, es una cirugía mayor.
Es fascinante —y aterrador— el “modus operandi”. Entran por el “Punto Cero”, donde curiosamente la vigilancia brilla por su ausencia, y se llevan equipos de alto valor con una calma que espanta. Me pregunto: ¿dónde están los elementos de seguridad que cobran una nómina de 30 millones de pesos? ¿Acaso están cuidando que no les molesten mientras trabajan los ladrones, o simplemente se hicieron cómplices por omisión? Ver una camioneta Nissan y una Suburban blanca entrando y saliendo durante mes y medio con total impunidad es la prueba de que en AHMSA, la seguridad es solo una palabra bonita en el papel.
Para rematar el absurdo, ahora la empresa, a través de Gabriel Iván Sarabia Zúñiga, sale a exigir “reglas claras” y “transparencia” en la venta de activos. ¿En serio? ¿Pretenden que les creamos que les preocupa la equidad cuando la planta se está desvalijando pieza por pieza ante sus ojos? La empresa pelea contra la lógica judicial, advirtiendo que vender con umbrales mínimos flexibles es peligroso, mientras el patrimonio real —los cables, el equipo, el futuro de los trabajadores— se va en camionetas por una puerta trasera.
Es el mundo al revés: la empresa pide justicia en los juzgados mientras, en el patio trasero, se están llevando hasta las estructuras. ¿A quién quieren engañar? La historia de Coahuila se escribe hoy entre registros políticos que parecen sacados de un archivo viejo y el desmantelamiento de nuestra propia historia industrial.
La pregunta no es si van a terminar el proceso, sino qué es lo que quedará para vender cuando finalmente se decidan a hacerlo.









