Resulta fascinante observar cómo la amnesia colectiva y la oportunidad política florecen en Monclova con una sincronía casi poética. De pronto, como salidos de un cuento de ficción donde el cinismo es la moneda de cambio, tenemos a dos “ilustres” personajes erigidos como los nuevos salvadores de la clase obrera. Sí, nos referimos a Theo Kalionchiz y al incombustible dinosaurio del sindicalismo, Tereso Medina. Qué curioso que, a estas alturas del partido, ambos salgan a posar frente a los micrófonos presumiendo un doctorado honoris causa en el tema AHMSA.
Ayer, el señor de las hamburguesas —aquel que hizo un berrinche de antología cuando decidió mudar sus pertenencias del PAN al PRI, cargando simbólicamente hasta con su carrito “perrero”— se sentía literalmente como pez en el agua desde la Cámara de Diputados. Flanqueado por la raza que encabeza Julián Torres, armó su rueda de prensa con un aplomo digno de mejor causa. Pero seamos honestos: a Kalionchiz ya nadie le compra ese verbo de que su trasnoches son por el bienestar de los trabajadores. La paralización de Altos Hornos de México suma ya cuatro largos años y la quiebra formal va para dos. ¿Y apenas hoy se acuerda del drama social? Qué casualidad que el entusiasmo le brote justo cuando necesita colgarse hasta de una hiedra para no soltar la jugosa ubre presupuestal. Y qué mejor trampolín que el dolor de los obreros para rogar por un poco de apoyo político.
Por el otro lado de la pasarela del cinismo aparece Tereso Medina, autodenominado líder del “sindicalismo responsable” y hoy ocupado en cobrar cuotas a nivel nacional. Ahora, con una piedad que raya en lo ridículo, pide que lleguen empresas con experiencia acerera a rescatar la planta. Pregunta seria: ¿cuándo se presentó Tereso ante los obreros durante estos cuatro años de agonía? ¿En qué momento dio la cara para decir “aquí estoy con ustedes”? La respuesta la sabe todo Monclova: nunca. Pero hoy, por arte de magia, tanto él como Kalionchiz pretenden venderse como paladines justicieros. Eso sí, puros discursos al aire, porque lo que es mover un solo dedo con hechos reales, eso está en chino. Tereso debería preocuparse por dar la cara a quienes le pagan las comitivas con sus cuotas; si alguien lo duda, que le pregunte a la gente de Freightcar. Claro que para el dinosaurio resulta infinitamente más rentable llamar la atención reflectora con la tragedia de AHMSA.
Y mientras la comedia política se monta en los recintos legislativos, en las calles de Monclova la realidad propina cachetadas de amargura. Qué feo caso el que se vive en el IMSS. A decenas de pacientes que acudieron con la esperanza puesta en su cita para quimioterapia en la Clínica 86, simplemente los regresaron a sus casas sin atención. ¿La razón? Algo tan elemental y vital como la falta de medicamentos para preparar las mezclas de los tratamientos. Por supuesto, los directivos hicieron lo que mejor saben hacer: aventarse la pelotita unos a otros entre excusas burocráticas, mientras las consecuencias mortales las pagan, como siempre, los pacientes desprotegidos.
Lo de la delegación médica es una ironía que roza en la crueldad. Tan solo un día antes, el personal del IMSS tomó las calles de la ciudad en una vistosa marcha para concientizar sobre el cáncer de mama y la prevención. Todo fue confeti, discursos empáticos y pancartas bonitas. Sin embargo, la cruda realidad tardó menos de 24 horas en reventar esa burbuja de ilusiones: al día siguiente, a las personas que verdaderamente luchan hora a hora contra la enfermedad las dejaron desamparadas y sin quimio. Una pasarela mediática más, tan hueca como los discursos de los políticos.
Y para rematar la jornada de deslindes, a nivel nacional el libreto no cambió ni una coma. Entre tanto desabasto y desorden, la postura oficial volvió a ser la misma de todas las mañanas: culpar al pasado, desempolvar a Calderón, señalar a García Luna y tejer un mar de chivos expiatorios. Todo parece ser tema de conversación, excepto el presente. Del dolor actual, del desabasto de hoy y de la desesperación de las familias en las clínicas, de eso nunca hay una sola palabra.







