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Hoy cayó el telón para siempre: comienzan a desmantelar el histórico Cine Azteca de Monclova

Este 22 de julio marca el verdadero final de un recinto que durante 64 años hizo reír, llorar y soñar a generaciones enteras; con el retiro de sus 990 butacas empieza a desaparecer uno de los símbolos culturales más queridos de la ciudad.

Hay edificios que, aun después de cerrar sus puertas, siguen vivos porque conservan intacta la memoria de quienes los habitaron. Durante meses, el antiguo Cine Azteca, convertido con el paso de los años en Cineplex Azteca y posteriormente en Río Cinema, permaneció en silencio, como si esperara una última función. Pero ese momento llegó este 22 de julio de 2026, cuando comenzaron los trabajos para desmantelar el inmueble y con ello escribir el capítulo final de una historia que acompañó a Monclova durante más de seis décadas.

Las primeras maniobras para desmontar el edificio no representan únicamente la desaparición de una construcción emblemática. También significan el inicio del adiós para un lugar donde miles de personas vivieron su primera película, su primera cita, una salida familiar o el inolvidable momento de ver apagarse las luces antes de que la pantalla cobrara vida.

Con el desmantelamiento también comenzará el retiro de las 990 butacas que durante años recibieron a generaciones enteras de monclovenses. Cada una de ellas fue testigo silencioso de risas, lágrimas, aplausos y emociones que hoy permanecen intactas en la memoria de quienes crecieron asistiendo a este emblemático recinto.

La historia del Cine Azteca comenzó en 1962, cuando abrió sus puertas sobre la calle Cuauhtémoc, en la colonia El Pueblo, bajo la operación de Exhibidora del Bravo, empresa originaria de Piedras Negras. En una época donde el entretenimiento era muy distinto al de hoy, el cine rápidamente se convirtió en uno de los lugares más concurridos de la ciudad.

Aquellos años fueron considerados la época dorada del recinto. Los fines de semana las filas para comprar boletos rodeaban la banqueta y conseguir un buen lugar era parte de la experiencia. Las familias llegaban con anticipación, los niños esperaban con emoción el inicio de la función y las parejas encontraban en sus pasillos el escenario perfecto para una tarde inolvidable.

Sin teléfonos inteligentes, plataformas digitales ni redes sociales, el Cine Azteca era una ventana al mundo. Ahí se conocían las grandes producciones mexicanas y extranjeras, pero también era un espacio donde la comunidad convivía. No era solamente un cine; era un punto de encuentro que acompañó el crecimiento de Monclova cuando la ciudad vivía el auge de la industria siderúrgica.

Con el paso del tiempo, el inmueble también se consolidó como uno de los principales escenarios culturales de la Región Centro de Coahuila. Además de proyectar películas, sus instalaciones fueron sede de graduaciones escolares, informes de gobierno, festivales, concursos, presentaciones artísticas y eventos sociales que reunían a cientos de personas bajo un mismo techo.

Por su escenario desfilaron figuras que hoy forman parte de la historia del espectáculo mexicano. El público monclovense tuvo la oportunidad de disfrutar las presentaciones de Javier Solís, cuya voz hizo vibrar el recinto, así como de Eulalio González “El Piporro”, uno de los artistas más representativos del norte del país, quien conquistó al público con su inigualable carisma.

Cada visita de un artista era un acontecimiento para la ciudad. Las entradas se agotaban rápidamente y durante semanas la gente comentaba los espectáculos que había presenciado. Aquellas noches quedaron grabadas en la memoria de miles de familias que hicieron del Cine Azteca mucho más que una sala de proyección.

El éxito del recinto también fue posible gracias al trabajo de personas que dedicaron gran parte de su vida a mantener abiertas sus puertas. Entre los administradores más recordados figura Gumercindo Candela, quien estuvo al frente durante la década de los setenta; posteriormente Óscar Martínez, que dirigió el complejo durante aproximadamente 25 años, y finalmente José Ubaldo Preciado, quien permaneció ligado al cine por más de cuatro décadas y fue testigo de todas sus transformaciones.

La necesidad de competir con los nuevos complejos cinematográficos llevó al histórico edificio a renovarse. Entre 1999 y 2000 fue sometido a una importante remodelación que modernizó sus salas, incorporó mejor sonido, nuevas butacas y una imagen completamente distinta. Así nació Cineplex Azteca, una nueva etapa que buscó mantener vigente al recinto sin perder su esencia.

Aunque cambió de nombre, para la mayoría de los monclovenses siguió siendo simplemente el Cine Azteca. Era un nombre que se negaba a desaparecer porque representaba mucho más que una marca comercial; representaba recuerdos, costumbres y parte de la identidad de la ciudad.

Fue precisamente durante esa etapa cuando el inmueble volvió a llenarse como en sus mejores tiempos con la presentación de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, quien llevó a Monclova la exitosa obra teatral “11 y 12”. La función reunió a cientos de personas y volvió a demostrar que aquel escenario seguía teniendo la capacidad de emocionar al público.

Años después el complejo adoptó el nombre de Río Cinema, buscando adaptarse a una nueva realidad para la industria cinematográfica. Continuó ofreciendo estrenos comerciales y funciones para el público regional, manteniendo viva una tradición que ya formaba parte del patrimonio sentimental de Monclova.

Como ocurrió con prácticamente todos los negocios dedicados al entretenimiento, en 2021 Río Cinema suspendió temporalmente sus operaciones debido a la pandemia de COVID-19. Por primera vez en décadas, las salas permanecieron vacías durante meses y el silencio sustituyó el bullicio que siempre caracterizó al recinto.

Tras la reapertura, el cine volvió a recibir espectadores, pero los tiempos ya habían cambiado. Las plataformas de streaming, los nuevos hábitos de consumo y la competencia de los grandes complejos cinematográficos redujeron considerablemente la asistencia, haciendo cada vez más difícil sostener un cine independiente con tanta historia.

Finalmente, en agosto de 2025, Río Cinema apagó sus proyectores por última vez. Aquel cierre fue doloroso para quienes crecieron entre sus pasillos, aunque el edificio seguía de pie, como un guardián de los recuerdos de toda una ciudad.

Hoy, 22 de julio de 2026, el desenlace es definitivo. Las máquinas comenzaron a retirar parte de la estructura y muy pronto desaparecerán también las 990 butacas que durante más de seis décadas recibieron a miles de espectadores. Cada asiento representa una historia distinta: el niño que descubrió la magia del cine por primera vez, los enamorados que compartieron una película tomados de la mano, las familias que hicieron del domingo una tradición o quienes aplaudieron de pie a Javier Solís, El Piporro y, años más tarde, a Chespirito.

Dentro de poco, quizá ya no quede rastro de la marquesina, de los pasillos, del escenario ni de la gran pantalla que iluminó incontables noches. En su lugar habrá otro proyecto, otro edificio o simplemente un terreno vacío. Pero ningún cambio podrá borrar lo que el Cine Azteca significó para Monclova.

Porque el verdadero patrimonio de este lugar nunca estuvo en sus muros, sino en las historias que guardó durante 64 años. Hoy no solo comienza el desmantelamiento de un edificio; hoy Monclova despide uno de los capítulos más entrañables de su historia. Las máquinas podrán llevarse el concreto, el acero y las 990 butacas, pero jamás podrán derribar los recuerdos de miles de personas que alguna vez esperaron, con la emoción de un niño, que se apagaran las luces para dejar que la magia del Cine Azteca hiciera el resto.

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