Hay dolores que mueven montañas y otros que, tristemente, nomás sirven para adornar los discursos de campaña. Mientras medio mundo aplaude —y con justa razón— el operativo de rescate de 63 perros en la tristemente célebre Fundación Frichem de Castaños, donde la crueldad animal alcanzó niveles inhumanos que ya tienen a dos tras las rejas, es inevitable voltear a ver los cajones polvosos donde descansan los pendientes de los humanos. Porque sí, la justicia veloz y furiosa contra los maltratadores de lomitos es aplaudible, pero la pregunta que muchos se hacen en las esquinas y en las benditas redes sociales es punzante: ¿y para cuándo la justicia con rostro humano?
Los extrabajadores y familias de AHMSA, por ejemplo, ya nomás les falta disfrazarse de pug o de pastor alemán a ver si así, por fin, las autoridades notan que hay 14 mil familias completas flotando en la indefensión y esperando una resolución desde hace casi cuatro años. Claro, nos dirán que una cancha es estatal y la otra federal, pero la ironía duele más que patada de mula: en un caso se actúa con la furia de los superhéroes y se promete castigo ejemplar, mientras que en el otro, la justicia parece que se jubiló antes de tiempo.
LE CAYÓ REVISIÓN
Quien sabe si verdaderamente vienen a hacer su chamba como Dios manda o si nomás andan buscando “picarle los ojos al santo”, como reza el viejo adagio popular. Lo cierto es que la visita de inspección que le cayó al juez Oscar Cadena en los juzgados locales ha desatado todo tipo de quinielas.
A mí no me lo crea, pero los corrillos judiciales apuntan a que las misteriosas jugarretas y los fallos más torcidos que una pista de carritos chocones —esos mismos que los tribunales federales le han venido tirando a sombrerazos vía amparo— fueron los que motivaron la visita de cortesía del Tribunal Superior de Justicia del Estado.
Dicen los que saben que el buen Oscar ya trae con el Jesús en la boca a su principal escudo protector, Mery Ayup, al grado de tener que abrirle lupa a sus actuaciones. Ojalá y esta visita no sea otra más de esas obras de teatro donde al final todos salen aplaudiendo y nada cambia, porque la lista de sentencias a contentillo ya es digna de récord Guinness.
ILUSIONES DE TEMPORADA
Hay quienes todavía se tragan sin masticar el gastado cuento de que “el pueblo pone y el pueblo quita”. ¡Tiernos infantes! Eso luce muy bonito en los libros de texto gratuito, pero en la cruda realidad son las cúpulas partidistas las que operan por puro dedazo y compadrazgo a la hora de repartir las candidaturas.
Da igual el color; la receta es la misma. Y es que ya se ve a varios suspirantes calentando motores, sudando la gota gorda y haciendo creer a la raza que su vocación social es pura filantropía.
La verdad de las mentiras es que para aspirar a un puesto de elección popular hoy en día no basta con tener buenas intenciones; hay que soltar “manteca” —léase billete a raudales—. Así que los que andan más acelerados que agua de boiler en pleno invierno harían bien en dejar de creer en Reyes Magos y entender que en la polaca moderna, el amor no basta.
POBRES UNIVERSITARIOS
La neta, la neta, pareciera que en instituciones como la UPMF o la UTRCC las mallas curriculares ya sufrieron una pequeña actualización y ahora la carrera estrella es “cómo servir incondicionalmente a un partido”.
Si no, usted dígame qué méritos académicos de peso —más allá del compadrazgo o la consanguinidad— sostienen a perfiles como el de Mario Martínez al frente de la UPMF, o los enroques de Armando Castro Murguía, cuyo mayor doctorado conocido parece ser el de llevar portafolio y apellido con palanca política.
Pobres chavos, que entran ilusionados con aprender una carrera técnica o profesional y terminan siendo graduados con honores… pero como carne de cañón para las próximas batallas electorales.
Pa’l baile vamos.






