Apenas vamos transitando la presente semana y ya nos alcanzó el catálogo de fantasías favorito de la élite mexicana: la codiciada publicación de “Los 300 Líderes Más Influyentes” correspondiente a este 2026. Miren, mi respeto absoluto para varios de los que ahí figuran —de esos cuyos nombres, por pura prudencia y salud mental, mejor me reservo—, pero para muchos otros… bueno, la sensación se mueve libremente entre la pena ajena, la carcajada abierta y un profundo desconcierto al verlos posar con sonrisas de oreja a oreja, inflando el pecho por un reconocimiento que parece más un producto de aparador que un reflejo de la realidad.
A uno le gustaría saber con qué báscula se mide semejante “influencia”, pero sobre todo, lo verdaderamente jugoso sería conocer la opinión de los miles de supuestos liderados por algunos de los personajes que ahí aparecen. Tomemos por ejemplo a Tereso Medina. Sería fascinante escuchar el pulso real de los trabajadores de empresas como FreightCar, donde a pesar de tener colgada la supuesta sotana protectora de la CTM que él encabeza, los obreros han estado siempre solos, a la deriva y completamente desamparados frente a cada tormenta laboral que les toca sufrir.
¿Qué pensarán de esta flamante distinción aquellos a los que su “máximo líder nacional” sigue engatusando con el discursito trillado del dizque sindicalismo responsable? Responsable de verdad sería dar la cara por la base trabajadora, estar presente cuando el agremiado más humilde lo necesita y no aparecer únicamente en las fotos de sociales. Ver esto me recordó inevitablemente a aquellos ayeres de la administración municipal de Monclova, cuando un exfuncionario presumía con bombo, platillo y alfombra roja un flamante premio “Tlatoani” que, oh sorpresa, terminó descubriéndose que él mismo se había pagado de su bolsa. Digo… ¿no será exactamente la misma receta?
¿Y la subasta apá?
Mientras unos compran o presumen reflectores, la realidad obrera sigue atrapada en el purgatorio burocrático. Ayer la nota obligada fue el tema AHMSA: la jueza emitió por fin el acuerdo donde avisa que publicarán la lista oficial de trabajadores en la página del IFECOM, para que esté a la vista de todos.
Miren, qué detalle tan considerado, porque así los obreros podrán darse una remota idea —con suerte y mucha imaginación— de cuánto les tocará en el lejano e hipotético caso de que la acerera se venda en masa, tal como lo ha pregonado hasta el cansancio el síndico Víctor Manuel Aguilera. Digo que se darán una “idea” porque en las famosas listas sale a relucir que si el artículo 224, que si el 221, pero en los hechos no definen con peras y manzanas cómo, cuándo ni cuánto les van a pagar.
Y lo que es todavía más desesperante: la tan esperada fecha para la dichosa subasta brilla por su ausencia. Se suponía que la sabríamos desde los primeros días de este mes de julio; luego los grupos de obreros corrieron la voz de que sería el día 15, y nada. Ya vamos directo a la recta final del mes y todo apunta a que julio se nos irá en modo “julio regalado” de centro comercial, sin un solo resultado real en favor de los trabajadores. Habrá que ver hasta cuándo se digna la juzgadora a poner fecha fija, o si acaso existirán motivos de peso oscuro —como la clásica y conveniente “falta de interesados”— que obliguen a seguir pateando el bote. Es una pregunta seria, que conste, no una afirmación.
Hasta que les aprietan la tuerca
Pero si de sacudirse la modorra se trata, los que de plano se pusieron las pilas a puroperiodicazo limpio fueron los de SIMAS, bajo el mando de Eduardo Campos. Se los he dicho una y otra vez: hasta que la ciudadanía no les grita sus verdades y los exhibe públicamente, es cuando medio se dignan a chambear.
Ahí tienen el caso clarito de los vecinos del Paseo de la Cañada, en la Miravalle III, quienes sufrieron durante largos y desesperantes cinco meses nadando entre aguas negras, mientras Eduardo Campos se hacía de la vista gorda y miraba para otro lado. Fue exhibir el cochinero en los medios y, ¡zas!, por auténtico arte de magia resucitaron las cuadrillas y ayer mismo ya andaban concluyendo la reposición de la tubería. Ojalá y esa misma varita mágica la usen, pero ya, para atender el dolor de cabeza de los vecinos de la calle De las Lanchas en Colinas, que siguen viviendo exactamente el mismo calvario de aguas puercas porque las líneas de SIMAS ya colapsaron por completo.








