Cuando verdaderamente hay voluntad, y cuando esa voluntad se suma a inversionistas de esos que ponen sobre la mesa números tangibles y no promesas al aire, las cosas simplemente salen, y salen bien.
Un claro ejemplo de ello lo tenemos muy cerca, con el caso de ARCOSA. Esta empresa, firmemente enclavada en Castaños, está a un paso de pasar a manos de un fondo de inversión a través de la firma internacional CRH. Ya se encuentran en negociaciones avanzadas para absorber a todo el corporativo —que tiene presencia en grandes metrópolis de Estados Unidos como Dallas y Nueva York—, sin olvidar la planta que opera aquí en nuestra región.
Sin tanto ruido mediático y con una estrategia clara, ya firmaron acuerdos comerciales por un monto total de 8,500 millones de dólares. Según el propio comunicado de prensa emitido por CRH el pasado 22 de junio, la transacción quedará completamente lista en el primer trimestre de 2027. Ahí estaban el interés real y los capitales fluyendo sin escalas.
Todo esto contrasta dolorosamente con el eterno vía crucis de AHMSA. Es inevitable notar la distancia entre una gestión seria y la incertidumbre que sigue envolviendo al acero monclovense. Muchos podrán decir que es una comparación injusta porque AHMSA enfrenta un proceso de quiebra complejo, pero la realidad es contundente: de existir un interés verdadero y compradores con solvencia real —y no los fantasmas de los que tanto se ha cacaraqueado, esos que al parecer solo el síndico Víctor Manuel Aguilera conoce—, la empresa hace mucho tiempo que se hubiera vendido. Ahora, no queda más que esperar al próximo 25 de septiembre para comprobar si las palabras del síndico tenían sustento o si todo se redujo a un discurso hueco.
EMPLEOS: La Dura Realidad en las Maquilas
En otro orden de ideas, este día se lleva a cabo una nueva jornada de contratación por parte de DUAL, la empresa de origen coreano. A casi dos años de haber iniciado operaciones en la ciudad, la planta sigue batallando para consolidar su plantilla laboral. ¿La razón? Sencilla pero profunda: la forma de trabajar bajo el estilo operativo asiático choca frontalmente con lo que nuestra gente está dispuesta a tolerar.
A nadie le gusta laborar con la presión constante de tener a alguien respirándole en la espalda, y esa vigilancia asfixiante ha provocado una rotación de personal imparable. A esto se le suma una exigencia rígida de contratar únicamente a personas con experiencia previa, en un momento en el que la mano de obra calificada escasea en la región, pues muchos extrabajadores decidieron emigrar hacia Saltillo y Monterrey en busca de estabilidad.
La situación en DUAL es tan compleja que incluso la gran mayoría del personal que habían reclutado en la Región Carbonífera terminó por renunciar. La política laboral que ahí se aplica parece regirse por la máxima popular de “ponerles infierno y más infierno”. No es que nuestra gente le tenga miedo al trabajo duro —la historia industrial de esta tierra lo demuestra de sobra—, sino que aguantar malos tratos cotidianos rebasa cualquier límite de dignidad. Al final, las inversiones llegan y se quedan donde hay visión, pero también donde se respeta al recurso más valioso: el ser humano.








